Correo electrónico dirigido a las autoridades de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México, con motivo de protesta a la celebración de una conferencia que promociona a la astrología dentro de recintos universitarios, a celebrarse el día 18 de octubre de 2010:

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Arq. Jorge Tamés y Batta y Arq. Mauricio Trápaga Delfín.
He descubierto con cierto espanto e indignación que, en las instalaciones a su cargo, está programada una conferencia titulada “Astrología evolutiva“, impartida por el conferenciante, Steve Forrest.
En una sociedad donde la astrología se encuentra tan fuertemente arraigada en la mente del colectivo, resulta quijotesco, pero no por ello menos necesario, levantar la voz ante despropósitos de semejante calibre. Por más de una buena razón, la astrología puede ser calificada como charlatanería en el peor de los casos, o como pseudociencia en el mejor de ellos.
Sería mi deseo, y el acto acorde a la situación, retirar la autorización para la celebración de dicho acto. Pero consciente de que mi petición difícilmente será escuchada, propongo que en la mencionada conferencia sean tratadas las siguientes cuestiones por parte de los conferenciantes y un experto en materia astronómica, para hacer así una evaluación más objetiva de su trabajo y bases teóricas:
- ¿Cómo manejan el hecho de que existan 12 signos del Zodiaco, pero 13 constelaciones en la elíptica? ¿Según la definición no deberían ser así 13 signos también?
- ¿Por qué se toma en cuenta la precesión de los equinoccios al momento de hablar de la “era de acuario”, pero no al momento de establecer el signo solar de cada persona?
- ¿En qué se basa el hecho de poseer 12 signos con duraciones aproximadamente iguales a lo largo del año, pero constelaciones reales, que no corresponden con la duración artificial establecida por la doctrina astrológica?
- ¿Qué nos pueden decir de los horóscopos realizados en la completa ignorancia de los planetas exteriores y demás cuerpos celestes de nuestro sistema solar?
- En caso de que si los tomen en cuenta, ¿cuándo y de qué manera fueron descubiertas las “influencias astrológicas” de estos cuerpos desconocidos hace 250 años? ¿Cómo fueron descubiertas las influencias de Urano, Neptuno, Plutón, y demás cuerpos celestes? ¿Se puede recrear el procedimiento de descubrimiento?
- Si la astrología revela un aspecto inherente a la naturaleza y estructura del mundo. ¿Por qué los Chinos descubrieron una astrología diferente? ¿Por qué la astrología tradicional no descubrió la influencia anual de los cerdos y los gallos, y la China no descubrió la influencia mensual de los toros y las balanzas? Nunca escuché que los griegos descubrieran un teorema de Pitágoras y los Chinos otro. Como si ciertas leyes de la naturaleza funcionaran en un lugar y otras diferentes en otro lugar.
- ¿Cómo enfrentan el hecho de que no funciona más allá de lo explicable por el azar y la psicología? Con una larga tradición desde los Gauquelín (que los partidarios de la astrología han convertido en defensores de la misma), pasando por Dean y otros tantos antes y después, que la han puesto a prueba y ha fracasado estrepitosamente.
Por supuesto que no soy el primero ni el último que hace dichas observaciones, que los astrólogos saben ya casi de memoria, contestando con un costal de afirmaciones absurdas sin fundamento. Pero servirían al menos, para replantear y presentar los verdaderos hechos al público en torno al asunto.
Una conferencia seria y real de la astrología, debería hablar de las técnicas y factores psicológicos que posiblemente hacen a la población percibirla como verdadera: lectura en frío, validación subjetiva, selección de la observación, falacia de estadísticas pequeñas, etc.
¿No es de extrañar que la astrología no cambie prácticamente nada en miles de años? No avanza nada, no descubre nada. No revela ningún aspecto nuevo de la realidad que desconociéramos en el pasado. Y no lo hace, porque de hecho, ¡no tiene ninguna conexión con la realidad! Es un témpano de hielo congelado en el tiempo. Es un costal de dogmas cristalizados. Invariantes. Blindados a la crítica externa, e incluso interna.
La UNAM, como toda institución de educación superior, debería ser el lugar donde se haga la distinción entre lo que se “sabe” de lo que se “cree”. ¿Qué otro tipo de organismo podría cargar con semejante responsabilidad? La universidad debe realizar esto, no con el afán de imponer una descripción del mundo particular, como de ser custodia de la actitud y manera de abordar el mundo, que ha sacado a nuestra especie de las tinieblas de la ignorancia y la superstición.
Javier Garduño Cimental
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