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10 de junio de 2011

Dejando atrás a los dioses (XIV)

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El primer replicador

Replicador

El lector avispado se dará cuenta que hace falta un elemento muy importante para que la acción del principio de replicación sea posible. Como queda descrito en las páginas precedentes, el principio replicador necesita para funcionar, entre otras cosas, un primer replicador. Pero, ¿de dónde surge este fundamental actor?

En el imaginario popular existe la incorrecta idea de que la evolución explica el origen de la vida en la Tierra. No lo hace en el sentido tradicional que la gente otorga a esta frase. Explica la diversidad y complejidad de la vida en la Tierra. Explica la causa que hace a la vida ser como es ahora. No explica su origen per se, por la simple razón de que no se pronuncia para nada sobre el primer replicador, tan solo sobre su desarrollo posterior.

Existe la popular, pero infundada idea, de que la vida inició a partir de una célula primigenia. Esta idea, incorrecta, ha servido de blanco para los críticos de la evolución al argumentar (y con razón), que una célula es algo demasiado complejo para surgir “espontáneamente”. Si dependiéramos de semejante idea estaríamos en serios problemas. Pero no es el caso, y existen explicaciones más plausibles.

Probablemente jamás sabremos a ciencia cierta cuál fue el primer replicador. Su aparición fue un hecho singular muy distante en el tiempo, el cual no podremos ver nunca. Lo que si podemos hacer es indagar e imaginar los mecanismos involucrados en su desarrollo.

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24 de abril de 2011

Dejando atrás a los dioses (XIII)

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Replicación en acción

Árbol de la vida de Darwin

¿Hay algo más que la simple especulación para concluir la existencia del principio de replicación en el mundo natural?

Apuntalar la presencia de este principio nos podría llevar muchos volúmenes, pero va más allá de mis intenciones y no es el propósito de este escrito. Si bien es un hecho científico perfectamente establecido y uno de los mejor respaldados, encuentra una frecuente resistencia, sobre todo en los sectores más conservadores y religiosos.

¿Por qué? Quizá su atrevimiento a pronunciarse sobre algunos de nuestros más profundos interrogantes: ¿de dónde venimos y hacia dónde vamos? Interrogantes sobre los cuales nos formulamos nuestras propias respuestas, o nos inculcaron otras, desde muy temprana edad. De alguna forma toca algo íntimo y personal: la razón y propósito de nuestra existencia.

La replicación en acción, en toda su aparente banalidad e intrascendencia, parece ser el origen de todo cuanto somos. De nuestra naturaleza. Se muestra como el principio activo del cual surge toda la complejidad biológica conocida. En su elegancia, esta complejidad nos golpea la mente, resultando perturbador por momentos el pensar que sea el producto de un proceso sin guía.

Evidencias del principio de replicación

De forma extraordinariamente breve enumero algunos hechos y evidencias a favor de su existencia:

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25 de febrero de 2011

Dejando atrás a los dioses (XII)

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Un nombre desafortunado

Charles Darwin

El principio de replicación del que hemos estado hablando, cuando es aplicado al mundo natural, se le conoce como evolución. En mi particular opinión, esta palabra ha resultado desafortunada, pues evoca en la mayoría de los casos una mejora o refinamiento de los seres vivos persiguiendo una clase de meta. Como si la evolución tuviera una dirección determinada. Como si tuviera un objetivo.

Pero la evolución no tiene nada que ver con un objetivo. En realidad es exactamente lo opuesto. La esencia de esta idea es la ausencia de un propósito en la creación de la complejidad que vemos en el mundo natural. El principio de replicación es un mecanismo que, a un costo energético determinado, puede extraer orden del caos, pero no tiene dirección alguna. La dirección de la evolución está supeditada a las circunstancias en que se ven envueltos los agentes replicadores.

Este problema es también un asunto de lenguaje. Es frecuente escuchar cosas como los ojos están hechos para ver, las piernas están hechas para caminar o los dedos están hechos para agarrar, como si la existencia de estos órganos y extremidades se debiera a un propósito especifico (ver, caminar o agarrar). El uso constante de frases como estas impactan de forma inconsciente nuestra percepción del porqué de su existencia. Caemos presa de nuestra natural tendencia a asignar propósitos e intencionalidad a aquello que no lo tiene.

Tal y como entendemos las cosas, los ojos no están hechos para ver. Sirven para ver. Las piernas no están hechas para caminar. Sirven para caminar. Y los dedos no están hechos para agarrar, como no lo están para hacer señas o apretar un botón, aunque sirven para hacer todas esas cosas.

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Frase aleatoria

Pongan a la razón firmemente en su trono, y llamen ante su tribunal a cada hecho, a cada opinión. Cuestionen con bravura incluso la existencia de Dios; porque si lo hay, debe más aprobar el homenaje de la razón que el del temor ciego.

Thomas Jefferson

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