Dejando atrás a los dioses (XIV)
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El primer replicador

El lector avispado se dará cuenta que hace falta un elemento muy importante para que la acción del principio de replicación sea posible. Como queda descrito en las páginas precedentes, el principio replicador necesita para funcionar, entre otras cosas, un primer replicador. Pero, ¿de dónde surge este fundamental actor?
En el imaginario popular existe la incorrecta idea de que la evolución explica el origen de la vida en la Tierra. No lo hace en el sentido tradicional que la gente otorga a esta frase. Explica la diversidad y complejidad de la vida en la Tierra. Explica la causa que hace a la vida ser como es ahora. No explica su origen per se, por la simple razón de que no se pronuncia para nada sobre el primer replicador, tan solo sobre su desarrollo posterior.
Existe la popular, pero infundada idea, de que la vida inició a partir de una célula primigenia. Esta idea, incorrecta, ha servido de blanco para los críticos de la evolución al argumentar (y con razón), que una célula es algo demasiado complejo para surgir “espontáneamente”. Si dependiéramos de semejante idea estaríamos en serios problemas. Pero no es el caso, y existen explicaciones más plausibles.
Probablemente jamás sabremos a ciencia cierta cuál fue el primer replicador. Su aparición fue un hecho singular muy distante en el tiempo, el cual no podremos ver nunca. Lo que si podemos hacer es indagar e imaginar los mecanismos involucrados en su desarrollo.
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