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5 de abril de 2010

Sobre la obsesión

6 En total

Obsesivo trae a la mente a un individuo que no puede pensar sino en una cosa: el objeto de su obsesión. Por lo menos, es lo que la gran mayoría de nosotros pensaría.

Sin embargo, una personalidad obsesiva no está necesariamente ocupando su mente todo el día en ese, su objeto del deseo. Puede, simplemente, hacer que su visión y manera de experimentar el mundo se vea infectada y distorsionada, convirtiendo al mundo en algo diferente a lo que todos los demás ven y sienten.

Espiral

¿Alguna vez te has sorprendido a ti mismo obligándote a no pisar las lineas que se encuentran en el piso por donde pasas? ¿Eres de los que siente que un pequeño error, una pequeña imperfección en lo que sea, hecha a perder el resto? ¿Tu trabajo nunca está del todo bien hecho? ¿Usas demasiado tiempo en detalles ínfimos, en los que casi nadie pone atención? ¿Le das un valor fuera de lo normal a la honestidad, y sorprender a una persona diciendo una pequeñísima mentira, mina profundamente tu confianza en ella? ¿Revisas una y otra vez esa carta que tienes que escribir, para asegurarte que está “perfecta”? ¿Realmente te preocupa cumplir las expectativas del entorno y las personas que te rodean?

Aunque estas descripciones le quedan a casi todo el mundo, son características típicas de las personalidades obsesivas. Y ello resulta evidente en la medida en que dichas prácticas y formas de pensar vuelven infeliz a la persona que las padece.

Es fácil de entender: las cosas nunca están lo suficiente bien hechas, se ocupa demasiado tiempo en pensar las posibles consecuencias desagradables asociadas a una decisión que no se ha tomado aún, de forma que nunca se vive el presente ni se disfruta el momento. Las vacaciones, o cualquier otro conjunto de cosas que la persona desee con ahínco, se disfrutan más cuando todavía no han llegado, porque cuando lo hacen, el obsesivo solo está contando y lamentándose por los días que faltan para que se agoten.

Es una adicción a pensar y a la preocupación. No importa que por definición la preocupación sea una actividad estéril. El afán por hacerlo va más allá de lo racional. Es un impulso, una costumbre. Lo que debe ser y lo que está bien hecho, según la mente del obsesivo.

Y yo, me he descubierto obsesivo. Y a la obsesión, la encuentro como la principal causa de mi infelicidad e insatisfacción crónica por la vida. De alguna manera todo está mal, en una forma en que no me es posible decir porque.

Tu, ¿sabes de lo que te estoy hablando?

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6 Comentario(s)

Cdavid_00
6 abril 2010, 19:38

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Si ya identificaste el problema, incluso lo asumes como propio, ¿Qué impide que trabajes en él? cambiando poco a poco la realidad como la percibes (engañarte a ti mismo podrías pensar, o desengañarte respondería yo), la ventaja es que si lo logras podrás tener una vida más plena, según entiendo.

Saludos!

Sin duda, obsesiva de tiempo completo.

Quiero decirte algo: tienes una ventaja, eres una persona extremadamente joven, inteligente y además has focalizado el problema por lo que, en consecuencia, tienes todo en tus manos para atacarlo. Pero, vamos, si hasta para resolver el problema lo hace uno obsesivamente (yo ya pasé por ahí y todavía no salgo)- entonces la mejora será lo demasiado lenta y la frustración (rayana en obsesión) comenzará a hacer mella. Permítete mejorar, poco a poco, con los días. Cuando te sorprendas en una de tus clásicas actitudes obsesivas, de inmediato –porque parece que es lo que tú quieres- da un giro antípoda y colócate en lo opuesto, pero si no lo logras, no te obsesiones con esta nueva imperfección y sé condescendiente contigo mismo (esto no quiere decir ser conformista o mediocre o ninguna nadería de ésas). Es más, atrévete a hacer un ejercicio arrojado, sé audaz: haz un día una cosa que te parezca muy imperfecta como escribir un mal post o elaborar un argumento a las carreras sin reparar en las fugas lógicas y échalo a rodar por los senderos que transitas. Acto seguido, ríete de ti y –si quieres- vuelve a ser esa persona obsesiva, de moral rígida, perfeccionista, compulsiva, que no encaja en el mundo, pero que –también- tiene sentido del humor y se permite flaquear de cuando en cuando.

Yo no sé quién carajos soy para venir aquí a decirte ésto, lo único que te puedo decir es que sé, perfectamente, de qué estás hablando.

Termino: la obsesión, mezclada con alegría, con el puro y más potable deseo de hacer las cosas por convicción razonada; esa obsesión que resulta de querer alcanzar algo que nos parece preciado e importante, esa obsesión de esos locos que hacen obras de arte monumentales o que demuestran teoremas centenarios tras haberse encerrado años en el estudio en la más completa soledad (Andrew Wiles) es también ese motor que impulsa a esta civilización a algo más sublime. Yo no sé qué pasa, pero muchas veces es la obsesión la que deriva en mejoras para todos. Sin la obsesión no tendríamos un montón de cosas que sí tenemos. En cualquier caso, no dejes de lado ese ingrediente de goce y placer que hay en tu obsesión. Rescata esa parte hedonista de tu obsesión o ¿es que te has vuelto un epicureísta ya?

Vuelvo otra vez: ¿te acuerdas de ti cuando un anhelo galopante se encaramaba en tu espíritu tan sólo de contemplar las estrellas o tras comentar, polemizando, la lectura de un libro? Hermosa obsesión.

Te dejo un abrazo,
Eleutheria.

Quise decir “o ¿es que te has vuelto un estoicista ya?” (¿lo ves? hay obsesivos por doquier en el mundo).

m
9 abril 2010, 19:11

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Una vez que el obsesivo acepta que es obsesivo, el siguiente paso es no permitir que la preocupación lleve a cometer acciones repetitivas e irracionales y que en lugar de combatir estas actitudes obsesivas se alegre de ser un obsesivo. Ahora bien, ser obsesivo trae problemas emocionales no sólo para el obsesivo sino también para los seres queridos, el punto es que tienes que evaluar tu grado de obsesión y tratar de cambiar tu conducta o controlarla, por el bien tuyo y de los tuyos.

SKP
26 abril 2010, 00:58

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Todos los escépticos pasamos por eso, la obsesión por la verdad, la obsesión por un argumento perfecto, la obsesión por saber si existe algo o nó, la obsesión por la realidad.

Hasta que mi ultima pantalla fue el postmodernismo.. ahí terminó todo… comprendí que no habia nada, y que creer en el átomo es tan válido como creer en el diablo, solo que se fundamentan en cosas distintas.

Deprimente porque no hay verdad, porque a todo hay que decirle que sí, que es válido, porque todo fue en vano.

Escépticos-SKP
275 A.C.
“El que busca la verdad merece el castigo de encontrarla”.

Javier
26 abril 2010, 11:22

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SKP:

Lo que dices del átomo y el diablo me recuerda a Ernst Mach (ese que influenció a Einstein). Era tan decididamente empirista que consideraba injustificado “creer” en el átomo.

Hay un nivel en nuestro análisis, donde podríamos dudar del mismo suelo que pisamos, y en general, de cualquier cosa que nos diga cualquier impresión sensorial. Estamos quizá en la Matrix, o estamos engañados por el demonio de Descartes.

¿Es el suelo que pisamos real? Existe, al menos, como impresión sensorial en nuestra mente, existe como concepto y como reflexión. Su “verdadera naturaleza” está fuera de nuestra alcance. Pero en realidad eso no me importa mucho. La percepción del suelo, junto con la percepción de las paredes, la casa, el mundo y las estrellas, forman un todo coherente, un todo lógico y consistente. Reflexionando sobre las implicaciones de esa lógica y consistencia, podemos deducir el átomo.

En ese sentido, al menos para mi, “creer” en el átomo es tan justificado como “creer” en el suelo. Es tan real como la percepción o es una implicación de dicha percepción. Y no importa en realidad su “verdadera naturaleza”.

No solo creo que no está justificado “creer” en una realidad externa a la mente, también creo que no es necesario hacer esa suposición. Lo que importa es el sistema, su lógica y su consistencia. Es como un videojuego: no importa si estamos jugando en la consola original o en un emulador. No se necesita saber ni asumir la “verdadera naturaleza” de Mario Bros para entender las reglas del reino champiñón.

El Diablo también es resultado de impresiones sensoriales, pero a diferencia del átomo, estas impresiones no suelen tener congruencia. Son como los sueños. ¿Por qué pensamos que éste es el mundo real y no el de los sueños, de manera que estén invertidos los papeles? Porque los sueños no guardan congruencia interna. En el “mundo real” despertamos en el mismo lugar y con los mismos problemas que teníamos antes de dormir. Los periodos de “mundo real” forman un todo congruente y lógico. Los sueños no. Las impresiones que crean al Diablo tampoco.

Por tal motivo pienso que el Diablo y el átomo no son lo mismo, y que tampoco es necesario asumir la existencia de las cosas para hacer ciencia, descartando sinsentidos como el Diablo.

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