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18 de agosto de 2010

Dejando atrás a los dioses (VI)

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¿Escéptico?

Hasta ese momento no me había considerado a mi mismo como alguien escéptico. Tan solo me guiaba la curiosidad. Gracias a los medios populares que me rodeaban, la imagen que tenía de los escépticos era la de un grupo de personas con mente cerrada, casi carentes de imaginación o profundidad. Un séquito de individuos empecinados en negar lo evidente. Eran ignorantes, tontos o pagados. ¿Cómo podían negar las constantes evidencias acerca de lo sobrenatural?

Cerillo

Pero como lo mencione anterioriormente, a medida que profundizaba en mis conocimientos sobre esos temas, más evidentes eran los poderosos componentes psicológicos involucrados, y menos espectaculares me resultaban los fenómenos. Me parecían cada vez menos esperanzadores y menos reales.

Soy consciente que es un punto de gran debate y polémica, que quizá toque más adelante. Pero debo adelantar que intenté, tanto como me fue posible, no abordar nada con ideas preconcebidas, procurando ser lo más objetivo posible. Fue una consecuencia natural de mi deseo de saber y no creer.

Visto en retrospectiva, resulta extraño que una indagación en esos temas tuviera mucha relación con el tema religioso. Supongo que forma parte de la búsqueda que cualquiera tendría deseos de emprender a fin de encontrar algo más allá de la realidad mundana. Siempre podría existir algo que confirme nuestras creencias y expectativas, y a nosotros nos gustaría encontrarlo.

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4 de agosto de 2010

Dejando atrás a los dioses (V)

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El inicio de una búsqueda

Cuando pensaba en buscar la verdad, venía a mi mente el todo, pero también una extraña mezcla entre la realidad y lo que fervientemente deseaba que fuera cierto: mi visión del mundo.

Océano

Autor: El Tekolote

En la novela que había leído existía una cita que influyó poderosamente en mi, terminando por hacerme enamorar de tan demencial empresa:

No midas a nuestro Padre Universal con la vara de los hombres. Ni confundas la religión de la autoridad con la del espíritu. Algún día, todos los mortales comprenderán que sólo la carrera de la experiencia y de la búsqueda personal es digna de la “chispa” divina que os alimenta a cada uno de vosotros. […] al unir sus destinos al de las religiones de la autoridad, pondrán en peligro la sagrada soberanía de sus personalidades, renunciando al derecho a participar en la más apasionante y vivificante de todas las experiencias humanas: la búsqueda personal de la Verdad y todo lo que ello significa […]

Los descubrimientos intelectuales, amigo mío, constituyen siempre una “aventura” y un riesgo. Pero sólo los audaces, los que obedecen a su propio “yo”, están capacitados para enfrentarse a ello. Sólo esos, los auténticos “buscadores” de la Verdad, saben explorar con resolución y sin miedo las realidades de la experiencia religiosa personal. […] Estas victorias, único objetivo de la existencia humana, conducen a un fin: la búsqueda personal de Dios. En verdad, en verdad te digo que todo hombre que se empeñe en esa suprema aventura encontrará a mi Padre, incluso en el desaliento de las dudas. La religión del espíritu significa lucha, conflicto, esfuerzo, amor, fidelidad y progreso. La dogmática, por el contrario, sólo exige de sus fieles una parte ínfima de ese esfuerzo. No olvides, […] que la tradición es un sendero fácil y un refugio seguro para las almas tibias y temerosas, incapaces de afrontar las duras luchas del espíritu y de la incertidumbre. Los hombres de fe viajan siempre por los difíciles océanos, a la búsqueda de nuevos horizontes. Los sumisos se limitan a costear o fondean sus inquietudes al abrigo de puertos limitados, impropios de “navíos” que han sido hechos para audaces y lejanas singladuras.

Mi mente literal hizo el resto.

No está de más decir que, tanto en ese momento como en el pasado, no tenía gran simpatía por la religión organizada. Mis creencias eran tan diferentes a las de cualquier organización que yo conociera, y es tal nuestra resistencia a las ideas contrarias a las propias, que no fue difícil para mi abrazar el concepto de “religión personal”, entendiendo nuestra relación con la divinidad como un ejercicio puramente individual.

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27 de julio de 2010

Dejando atrás a los dioses (IV)

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La revolución

A mis 12 años leí una novela religiosa. Ésta cambió profundamente mis concepciones de la divinidad, creando un pensamiento que me dominaría varios años. Dios se convirtió en amor, padre, y causa primera de todas las cosas. Todo me parecía muy claro. Sentía que se habían ampliado mis horizontes. Tal vez por mis lecturas, me veía impelido a recurrir lo menos posible a hechos fantásticos para explicar la existencia de la vida o el hombre. Pensaba que Dios había creado el Universo y todas sus leyes, de tal forma y con tal perfección, que una vez creado, solo lo dejó seguir su camino. Las leyes de la naturaleza dictadas por Dios habrían creado las galaxias, las estrellas y los planetas. Los procesos de la evolución biológica bastaban para explicar el origen de la vida y el hombre. Aunque también creía en la existencia de una “chispa divina del Padre” que moraba en cada uno de nosotros. Un trozo de su espíritu, que sería causa y razón de nuestra conciencia. Entendía a eso como el verdadero significado de la frase a su imagen y semejanza1.

Dios

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16 de julio de 2010

Para mi, algo está mal cuando...

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Dinero

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15 de julio de 2010

Dejando atrás a los dioses (III)

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Mis primeros años

República Mexicana

Nací en medio de una familia mexicana, y como es usual, la religión dominante fue la católica, una de las más importantes ramas del cristianismo. Los dogmas principales ya los conocemos: Dios y la trinidad, los diez mandamientos, el pecado, el cielo, el infierno, Satán, la comunión, la virgen, el amor divino, etc. Mi núcleo familiar no era muy tradicional. Un ejemplo: aún cuando la Virgen de Guadalupe es un icono importante en México, mi familia jamás fue guadalupana. En vez de ello, fue seducida por nociones ocultistas y espiritistas, que en general, son modelos religiosos más flexibles, y si se me permite decirlo, “sensatos”1.

Vi a las ideas tradicionales católicas caminar a un costado de los conceptos paganos espiritistas y tomarse de la mano sin conflictos de importancia. En mi casa no había ningún problema en creer en la reencarnación, cosa que el catolicismo tradicional niega. Si por alguna razón se daba un conflicto entre ambas corrientes, se solía dar por buena la explicación ocultista. Nunca de forma explícita. Simplemente se asumía. El ocultismo de mi familia fue siempre de gran influencia cristiana. Así que no había peligro en quitarle a Jesús su estatuto de segunda persona de la trinidad. Las artes adivinatorias como el tarot o la astrología eran percibidas por mí como cosas de lo más normal y natural. Así las viví y así las aprendí de pequeño. Fue tiempo después cuando supe que las corrientes católicas más conservadoras no veían con buenos ojos dichas prácticas.

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8 de julio de 2010

Dejando atrás a los dioses (II)

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Capítulo 1:
La evolución de mi pensamiento irreligioso

Ayn Rand

Realmente, si quiero resumir mi actitud hacia la cuestión de Dios, es esta: Por todo lo que sé, la definición de Dios es “lo que la mente humana no puede entender”. Siendo una racionalista, de mente literal, y creyendo que es una obligación moral el creer realmente lo que uno dice, tomo literalmente la palabra a los que dan esta definición, estoy de acuerdo con ellos y les obedezco: No lo entiendo.

Ayn Rand

El conflicto entre razón y fe, entre incredulidad y creencia religiosa, no acapara el interés de la población. Al menos la parte del conflicto dirigida a las grandes masas. No creo que personas que defiendan una u otra posición se sientan representadas en tal batalla.

De cara al gran público, lo que solemos ver hoy día parece ser una defensa por la ciencia, al menos, donde las afirmaciones científicas chocan frontalmente con el dogma religioso tradicional. Así, podemos encontrar a Richard Dawkins defendiendo la teoría de la evolución ante el creacionismo científico o el literalismo bíblico. O bien a George Carlin y Bill Maher mostrando lo absurdas que pueden llegar a ser las visiones religiosas más tradicionales y fundamentalistas.

Las posturas expuestas en esta visión del conflicto, no representan al sector de la población que no es literalista bíblico o creacionista, a pesar de ser creyente. Las posturas fundamentalistas que ellos tratan con frecuencia son relevantes, porque ejercen una gran influencia en la sociedad, sobre todo la estadounidense, donde se centra gran parte de su trabajo y se libran grandes batallas sobre qué teoría de la vida enseñar a los niños en la escuela. Considero que es deseable la existencia de este enfoque. Pero hay un sector importante de la población, tanto creyente como no-creyente, que no se siente identificada con esta visión, lo que presta un flaco servicio a su propósito.

Para el creyente testigo casual de estas manifestaciones, el agnóstico o ateo puede ser un bobo carente de imaginación y profundidad, incapaz de comprender que la religión no está restringida por los límites tradicionales impuestos por el cristianismo, o cualquier otra de las grandes religiones. Para el no-creyente, el devoto quizá aparente ser un despistado, crédulo e irracional. Pero nosotros sabemos que ninguna de estas dos asunciones se cumple necesariamente.

Abordar la problemática desde una perspectiva más incluyente resulta difícil. ¡Vaya si resulta difícil! Con frecuencia, los propios creyentes no se ponen de acuerdo por simples cambios de matiz en sus apreciaciones. ¿Cómo se podría generalizar, digamos, un concepto de Dios con el que todos estén de acuerdo?

Dios es un tema de tal envergadura, que intentar dibujarlo aquí del todo sería imposible. Es tan dinámico y tan variado como todas las mentes del mundo juntas. Hay conceptos de Dios prosaicos, así como los hay también muy profundos y sublimes, al menos en un sentido muy artístico, místico y emocional.

Resulta muy difícil hacer afirmaciones generales sobre la creencia en Dios, salvo que nos ciñamos a un sistema de creencias en particular. Al ser esta una sociedad de influencia cristiana, el público se ve tentado a concebir a Jesús, al amor divino, al alma inmortal o al pecado, como objetos irreductibles de la religión. No es así. Existen religiones sin Jesús, y no es difícil hacer especulaciones religiosas sin amor divino, inmortalidad, o el tradicional significado del pecado.

He resuelto que la mejor forma de dar a entender mi pensamiento irreligioso es comenzar por describir muy brevemente y de forma cronológica su evolución.

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Frase aleatoria

El infierno y el paraíso me parecen desproporcionados. Los actos de los hombres no merecen tanto.

José Luis Borges

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Humano. Obsesionado con la realidad. Viviendo la construcción diaria de su propósito.

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Javier Garduño C. 2010